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Tonometría

Toma de presión ocular.

Tonómetro

Dispositivo que permite medir la presión ocular.

Topógrafo corneal

Dispositivo que genera un mapa topográfico -de curvaturas- de la córnea.

Trasplante de córnea

Reemplazo de la parte central de la córnea propia por una de un donante, por motivos de falta de transparencia, adelgazamiento, tumores, etc.

Trauma ocular

Agresión física al ojo.

TRC Tumor ocular

Tumor de tejidos propios del ojo.

Trombosis de la Vena Central de la Retina

La trombosis de la vena central de la retina se presenta con un brusco y grave empeoramiento de la visión, pero no con una ceguera completa como ocurre en la embolia de la arteria central de la retina.

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El cuadro oftalmoscópico es uno de los más espectaculares de la Oftalmología y está caracterizado por intensa hiperemia y edema macular marcado, venas turgentes, dilatadas, tortuosas, de color oscuro y de numerosas hemorragias en llama, dispuestas radialmente en torno a la cabeza de la papila óptica y a lo largo del curso venoso. En la periferia, las hemorragias pierden su aspecto alargado y se hacen redondeadas o puntiformes. Es frecuente encontrar exudados blancos, focos algodonosos esparcidos entre las hemorragias.

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ANGIOGRAFIA FLUORESCEINICA
En la angiografía fluoresceínica del mismo caso, se aprecia el defecto pantalla que provocan las hemorragias, oscureciendo la fluorescencia coroidea. La cabeza del nervio óptico está muy hiperémica, distinguiéndose perfectamente los pequeños vasos que la irrigan. No se distingue ningún neovaso sobre ella. Las ramas venosas se encuentran ampliamente dilatadas y tortuosas. No existe ninguna zona de isquemia retiniana, siendo lo más notable el intenso componente hemorrágico.

La evolución de una trombosis venosa es larga y tórpida; la reabsorción de las hemorragias es lenta y, a menudo, incompleta. A ello se asocia la invasión hemorrágica más o menos intensa del humor vítreo que lo vuelve turbio. La isquemia retiniana determina un estímulo proliferante con formación de neovasos retinianos o sobre el iris (Rubeosis Iridis), con un posible final en un Glaucoma Neovascular o Rubeótico, de pronóstico muy malo.

Trombosis de órbita

Oclusión de la circulación -venosa o arterial- de los vasos externos al ojo, dentro de la órbita.

Trombosis de Rama Venosa de la Retina

En la trombosis de las ramas de la vena central de la retina, la afectación visual es muy variable y depende de sí está afectada o no el área macular. Oftalmoscópicamente se caracteriza por un área hemorrágica de forma triangular con el vértice a nivel de un cruce arterio-venoso y la base en la periferia retiniana, rellena de hemorragias estriadas en llama y, en algún caso, de exudados blancos algodonosos. La vena a partir del cruce A/V aparece dilatada y tortuosa. Los exudados blandos pueden ser la expresión característica de un infarto retiniano localizado, o más frecuentemente el resto tardío de una hemorragia. La trombosis de rama venosa suele evolucionar lentamente; la vena trombosada se reduce a un cordón blanquecino rodeado de un círculo de compensación venosa y capilar.

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Cuando está afectada la vena temporal superior, el pronóstico es grave, porque la hemorragia y el edema afectan el área macular, determinando con frecuencia alteraciones degenerativas irreversibles (Degeneración macular disciforme y Agujero macular). La aparición de colaterales veno-venosas (vasos en sacacorcho) que intentan pontear (o by-passear) la zona de la trombosis, consigue en algunos casos evitar pérdidas importantes de visión, manteniendo el drenaje de la zona trombosada.

El tratamiento de las trombosis venosas se basa fundamentalmente en el tratamiento de la enfermedad sistémica responsable de la trombosis. El método de fotocoagulación con láser, puede ser útil en la prevención de las complicaciones. Al destruir las áreas isquémicas, se evita la aparición de neovasos y por tanto el desarrollo de rubeosis sobre el iris y glaucoma neovascular. La obstrucción de rama venosa de la retina, suele originarse a nivel de un cruce arteriovenoso. Clínicamente la afectación macular supone una disminución de agudeza visual, generalmente por edema macular, que junto con la neovascularización retiniana secundaria a isquemia de la retina, constituyen las dos principales complicaciones de este cuadro. Su seguimiento requiere la identificación de aquellos casos con mayor riesgo que, junto con la angiografía realizada en el momento de mayor rentabilidad diagnóstica y un seguimiento adecuado, permitirán un correcto tratamiento de las complicaciones secundarias. El láser sigue constituyendo el principal método de tratamiento, aunque nuevas modalidades terapéuticas presentan, en algunos casos, resultados iniciales esperanzadores.