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Mejorar la Salud Visual. Atender al ser humano

 

“Detrás de una enfermedad visual puede haber problemas, miserias, dolores, angustias hasta incapacidades laborales. Incluso, muchas veces implica un cambio de vida. Nos preocupa qué le pasa a la persona que está pasando por todo eso”

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Ricardo Dodds cuenta en su haber con más de 50 años de experiencia como oftalmólogo, pero además tiene un valor agregado. ¿Cuál es? Su concepción acerca de la medicina y una labor solidaria que desempeña desde sus primeros pasos. Esta acción logró concretarse en la Fundación Médica de Salud Visual y Rehabilitación (Fusavi).

“En los años que estás en contacto con enfermedades oftalmológicas y generales tomás conciencia de todo lo que conlleva una afección y de que hay muchas personas que no tienen acceso a la medicina de excelencia. Por eso, como fundación no sólo atendemos los problemas de los ojos, también nos dedicamos a la prevención, seguimos a los pacientes en el período de recuperación y, lo más importante para nosotros, sabemos que tratamos con seres humanos”, explica Dodds, presidente de Fusavi.

“Detrás de una enfermedad visual puede haber otros problemas, miserias, dolores, angustias, hasta incapacidades laborales. Incluso, muchas veces, implica un cambio de vida. Nos preocupa qué le pasa a la persona que está pasando por todo eso”, afirma Mercedes Caride, directora ejecutiva.

Historias de vida 


Pero, como casi siempre, los ejemplos son la mejor manera de explicar qué es lo que distingue a Fusavi.
Amelia y su marido son cartoneros. Ella padece diabetes y llegó a la fundación a través de la Campaña de Prevención de la Ceguera, organizada en noviembre de 2005 por el Consejo Argentino de Oftalmología. Amelia sabe cuáles pueden ser las consecuencias de dicha enfermedad, su madre ya había perdido la visión.

Sus primeros controles estaban cargados de temores. Y arrojaron resultados importantes: su glucemia no estaba bien controlada y a los problemas visuales se sumó la precipitación de un pie diabético que iba camino a la amputación.
Hoy Amelia está bien medicada, controla la infección de su pie y fue incluida en el Plan Remediar para que no le falte su medicación y así pueda seguir correctamente su tratamiento.

Así como Amelia vio que en Fusavi la consideraban integralmente, ella y su marido replicaron ese ejemplo. En su actividad diaria, lo que más dinero les deja es la ropa. Pero es el único elemento que no venden. Ellos arreglan cada prenda que reciben y se las entregan a otras personas que están también en una situación de necesidades básicas insatisfechas.

Y así se arman las cadenas solidarias... y así las sociedades empiezan a funcionar mejor, con un mayor respeto hacia el otro.

Gregoria es otro ejemplo de lo que significa escuchar a las personas. Ella es chaqueña pero vive una vivienda humilde en el norte del conurbano bonaerense. A sus 82 años sigue moviendo el pedal de su vieja máquina de coser que le permite ganarse la vida y alimentar a su nieto de cuatro años que está a su cargo.

Esta anciana llegó a Fusavi con una catarata bilateral que le estaba impidiendo enhebrar la aguja. Ya había pasado por la Municipalidad de Pilar y allí le había ofrecido una jubilación que apenas superaba los cien pesos, ¿cómo iba a sobrevivir?
En Fusavi comprendieron que las cataratas eran sólo una parte del inconveniente a resolver. Así que no sólo la operaron, sino que también le consiguieron una máquina nueva con la que aumento su ritmo de trabajo y, obviamente, también sus ganancias.

Manos solidarias
¿Quiénes componen Fusavi? Es un equipo integrado por oftalmólogos y profesionales que ofrecen su conocimiento y tiempo de una manera desinteresada. Incluso, hay hasta quienes acercan casos y ayudan, sin ser del plantel. También está el actuar del Hospital Austral de Pilar y otras instituciones de servicios médicos: algunas prestan los quirófanos, dan insumos o prestan a parte de su equipo de doctores.

“No sé bien que me pasa con todo esto, pero me pasaría mucho si no lo intentara. Es reconfortante ver que no todo es indiferencia. Es un desafío llevar la medicina a donde no llega y ayudar. Nunca acepté la deshumanización de la profesión”, reflexiona Ricardo Dodds.

“Esto es un mar sin orillas”, afirma el oftalmólogo y lo ratifican las 91 personas que ya están en fila de espera para ser atendidos.

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