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N.N.C.

Fecha de nacimiento: 05 de Junio de 2008

N. nació en una humilde zona del Gran Buenos Aires. Su madre dio a luz en su precaria vivienda, cuando aún le faltaban varias semanas de gestación. Lo arropó y llevó hasta un Centro Sanitario. Su peso no llegaba a 1,300 Kg, por lo requirió incubadora, oxígeno y cuidados especiales.

La prematurez, bajo peso al nacer, y necesidad de oxígeno, son causas que pueden llevar a una patología visual grave si no es tratada a tiempo: la  “retinopatía del prematuro”.

Cuando la madre de N. lo entregó en el Centro Sanitario, comentó con enorme dolor pero firme convencimiento, que su situación familiar la imposibilitaba a tenerlo con ella.  Esto supondría su posterior adopción.

Resultan decisiones difíciles de entender, pero imposibles de juzgar desde otra historia que no sea la de la propia madre.

Madre que, en este caso, aún sabiendo que el bebe pertenecería a otra familia, realizó por él un gesto heroico: durante los dos meses de internación de N., ella fue todos los días a darle de mamar.  

¿Cómo imaginar lo que pasaría por aquel corazón de madre, cuya simbiosis de la gestación se prolongaba en la lactancia, sabiendo que poco tiempo después debería dejarlo para siempre?  

Dios, que conoce los corazones y las intenciones, ha de recompensar su sufriente entrega.

N. fue dado de alta.  Y su historia volvió a encontrar gestos solidarios.  En septiembre de 2008, llegó a FUSAVI en brazos de otra madre.  Ella, preocupada por las secuelas que en la visión hubieran podido dejarle las características de su nacimiento, y actuando como familia de tránsito hasta la adopción definitiva, solicitó a la Fundación los estudios de diagnóstico que correspondieran.

Y como los milagros se dan, los oftalmólogos actuantes pudieron darle la mejor noticia: ninguna de las causas sufridas por N. al nacer, dejaron secuelas en su visión.

Esta “madre” transitoria, sumaba al gesto heroico de aquel amamantamiento tan especial, una nueva historia solidaria de quien se entrega toda sin esperar nada.  Es más, en este caso, su futuro próximo será entregar para siempre a N. a quien tanto quiere, en las manos de su familia definitiva.

Eslabones silenciosos, solidarios, fecundos, que forman una cadena de amor y de vida que ha de dar sus frutos.

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